La vida pasa muy rápido. Un día te levantas, te miras al espejo y de
pronto piensas en serio aquello que desde hace algún tiempo vienes comentando
en broma: -Me estoy haciendo viejo.
Cuando era un crío solía oír muy a menudo a mis mayores que cuando llegara a viejo ya me enteraría de aquello o de lo otro. Y yo, que por naturaleza y vicio siempre he sido muy curioso, quería saber cuándo llegaría ese momento. Me dieron respuestas de todo tipo, que cuando las arrugas no se pueden disimular en la cara, cuando los huesos se quejan de la humedad, cuando los nietos empiezan a preguntar por qué pasan las cosas… Sólo una respuesta se me grabó en la memoria; era el hombre de avanzada edad, un vecino del barrio, atento a todo lo que ocurría alrededor y muy dado a contar batallas:
Cuando era un crío solía oír muy a menudo a mis mayores que cuando llegara a viejo ya me enteraría de aquello o de lo otro. Y yo, que por naturaleza y vicio siempre he sido muy curioso, quería saber cuándo llegaría ese momento. Me dieron respuestas de todo tipo, que cuando las arrugas no se pueden disimular en la cara, cuando los huesos se quejan de la humedad, cuando los nietos empiezan a preguntar por qué pasan las cosas… Sólo una respuesta se me grabó en la memoria; era el hombre de avanzada edad, un vecino del barrio, atento a todo lo que ocurría alrededor y muy dado a contar batallas:
-¿Viejo, de verdad quieres saber cuándo se empieza a ser viejo? Pues
cuando se deja de hablar de las cosas que se hacen, y sólo se habla de las que
se hicieron.
Bien, este blog va destinado a todos aquellos que ya empiecen a
sentirse viejo y quieran compartir con todo el mundo aquellas cosas que se
hicieron. Seguro que hay alguien al otro lado de la pantalla del ordenador, al
que le interese esas cosas, a mí por ejemplo.
Siempre me ha interesado escuchar las vivencias, las anécdotas, o las
experiencias de las personas mayores, se puede aprender mucho. Llegados a cierta edad, de casi todo el mundo
se podría escribir una novela, con mayor o menor número de páginas, pero no importa la cantidad, si no la intensidad. Envíame las cosas que hiciste o tu verdadero
curriculum vitae, por supuesto no el laboral, sino el de tu vida personal.
Prueba a resumir tu vida en tres folios, no es fácil, pero tampoco difícil,
basta con ponerse manos a la obra. Y si
a pesar de los años todavía no has perdido esa especie de miedo escénico a los
que muchos llaman hacer el ridículo, hazlo bajo seudónimo.